Escribir y sentir, oficio de los poco cuerdos, columpio de almas inquietas. Nómadas, en movimiento como péndulos incapaces de frenar su velocidad. Día tras día, en plena metamorfosis, buscando respuestas a la métrica o explicación al destino, y nos olvidamos de que solo somos polvo y ese halo de misterio llamado alma.

miércoles 30 de septiembre de 2009

deja la belleza...

Deja la belleza. Mira como fluye sin que tus estigmas puedan minarla. Si resistes la tentación de apoderarte de ella cuando apenas sabes cobijarla será tuya.
Los días nacen con esta sutil forma. Su llamada inmediata, que es deliciosa dice, "si tu boca me posee no tendrás hambre". Y su voz es apetecible como una oliva o una rosa. Pero si quieres tomar la estrella en su viaje la perderás; deja que te enseñe su original trayecto. Deja la belleza a la vista de otros, porque el enemigo no está en lugar recóndito. Brindala como una copa y no bebas; cuando los otros se hayan saciado será tuya.
Deja que el adorado fruto te conozca porque distinguirá entre tu y aquel que la ha tomado por la fuerza.
Conten lo que se quiebra y echaras raíz. No seas intruso en la belleza; tu índice es falible, el suyo certero.
No exijas tributo por no malograrla ya que tu corazón respira y todo llena.
Advierte estas cosas cuando desees algo. Si no lo consigues, será mayor lo que lo sustituya.

domingo 2 de agosto de 2009



No siempre se puede definir con palabras aquellas cosas que nos cautivan, pequeños detalles, momentos inesperados, una sonrisa, un tropiezo, una caricia, la forma de doblar una servilleta, de mover las manos, una mirada casual, algo que se cruza en nuestros caminos y nos hace saber que hemos captado inusual. El tiempo se detiene en un efímero instante, y cambia irremediablemente el curso de las cosas.
Mi alma no está conmigo...está en los versos de Borges, en la rosa que acaba de morir, en la nieve que fundí con mi hermana, en los ojos que me enamoraron, en los que no lo hicieron, en la belleza de Van Gogh, en los besos de mi madre, en los ojos de alguien que sufrió, porque me enseñó a agradecer la vida, está en la luna que contemplé una noche en la que salí a pasear, en mi primer maestro, está en un río que solo en sueños pude ver, está en las cartas que escribió Mozart, está en la música, que forma el universo, en las nubes de algodón en una playa, en los efectos secundarios de una mirada que apenas duro una milésima, está en dos piedras, está en cada pliegue de mi piel que se ha erizado por un instante, está en el horizonte que se mezclo con el color de mis ojos una tarde cualquiera, está en la luz que inspiró a Walt Whitman, en ese peine de la abuela, en ese bastón del abuelo, en la impuntualidad de mis besos, en el bolsillo de esos viejos y rotos pantalones, en los garabatos en un viejo billete, en esa cosa peluda que se fue, en el minutero que se paro, en el verbo de la memoria, en Platón, en los galimatías de esa borrachera, en la luna sin memoria, en ese efímero parentesis en la linea divisoria que nos separa, en esa mano que me acarició y me despertó del sueño...
¿Quien se llevará mi alma?, no sobre el mar, ni sobre las cosas. Aún más lejos, quien entenderá estos versos como si estuvieran vivos...

sábado 1 de agosto de 2009

ciegos, y cobardes...

Vivir, es empezar de nuevo cada día, morir, recoger las lagrimas perdidas.

5:00 . Me siento a contemplar la luna, el aire se entremezcla con las bocanadas que humo que salen de mi boca y el corazón me bate en el pecho para hacerse hueco en la noche, una noche en la que escucho esa voz que nos gobierna a todos, que está más alla de toda voluntad o pensamiento, en la lejanía de todas nuestras verdades que se extiende como una lengua y cuyos ojos son tan blancos como la serenidad y la violencia. El corazón se abre y las manos débiles se me escapan, susurran entre garabatos y frases sin sentido para nadie, más que para mi y aquellos pocos que miran la luna.
Necesitamos huir de aquello que tememos, y asustarnos, hasta que una voz inmensa en nuestros labios nos hace callar, o seguir... Necesitamos temer las cosas que nos hieren para serenar esa amargura infinita, somos engaño de nuestras turbias cosas hasta que la vida nos disuelve con sus luces. No queremos hacernos enteramente libres porque tenemos el corazón en llanto, nos elevamos hasta donde la inteligencia puede hacernos más sencillos y más claros, hasta pasar por nieve nuestra fe.
La misma fuerza que nos invita a conocer el alma, nos deja ciegos, y cobardes ante la verdad, necesitamos no ser valientes donde no sabemos aguantar el hilo que otros rompen, ese hilo, en la inmensa y pequeñez del pensamiento..., necesitamos volar sobre nuestros muertos, para no creernos muertos, para no abandonarnos a la duda insostenible, así somos pecado y somos gracia y mientras, vamos hallando en el camino de las pequeñas cosas la excusa perseguida para sobrevivir, para abordarse en los últimos momentos, y declarar, ya convencidos, nuestras posesiones y la libertad que conocemos, cuando quizás, esa libertad sea la libertad que hemos odiado como se odian en algún momento de la vida, todas las cosas verdaderas.